Por Graciela Aguilar
Habían transcurrido 17 años y medio, desde que el golpe militar lo desalojó del poder; cuando Juan Domingo Perón aterrizó en Ezeiza, hace hoy treinta y nueve años, encontró un país con el corazón en la boca. Para el general, y para millones de peronistas, se había cumplido un inmenso milagro: aquel viernes 17 de noviembre de 1972 a las 11.15, bajaba con sus 77 años la escalerilla del DC-8, se consumaba al fin, un mito fabuloso repetido mil veces en la consigna “Perón vuelve”.Fue uno de los procesos de mayor movilización popular de la historia argentina, en masividad y en profundidad metodológica. Diez meses después el líder alcanzaría por tercera vez la presidencia, en esa ocasión con el 61,86 por ciento de los votos, consumando aquella otra consigna de “Perón al poder”.
¡Cuanto tuvo que ver la militancia en este regreso!, cuando decimos militancia, estamos recordando a los compañeros de la resistencia, a los fusilados en los basurales de José León Suárez, al General Valle, a Felipe Vallese el primer desaparecido, a los que ocuparon el frigorífico Lisandro de La Torre y a todos aquellos que la pelearon en pos de un objetivo, el regreso del hombre que le había devuelto la dignidad a los trabajadores y al pueblo. Millones de argentinos seguían los hechos por la radio y la televisión “blanco y negro”, dueños de una gama de sentimientos que iban desde el llanto hasta la emoción incrédula. Lanusse había dicho, entre otras provocaciones, que Perón no volvía porque “no le daba el cuero”. En vista de que el gobierno militar no toleraría una concentración de masas como las que habían sido tan caras al peronismo de mitad de siglo (“a mí no me van a hacer un 17 de octubre”, decía Lanusse), y Perón le demostró que le “sobraba el cuero” y había aprobado la idea de volver al país con una escolta importante, un avión repleto de figuras destacadas que dejara patente la bandera de la unidad nacional y la premisa “para un argentino no debe haber nada mejor que otro argentino”.
Perón fue un hombre que demostró que la Argentina no sólo tiene recursos, sino la absoluta posibilidad de ser una verdadera Nación Latinoamericana integrada al continente con una importancia que le es natural. Demagogia, populismo, clientelismo, oportunismo y con tantos adjetivos más, nos han calificado a los que fuimos los verdaderos protagonistas de la época más floreciente de la Argentina, el Peronismo. Hoy con el paso de los años, a los militantes se los mira de otra manera, con aceptación y con respeto, ya no somos una masa de locos fascistas, por que reclamamos un país más justo, somos los mismos de siempre que nunca abandonamos nuestra convicción. Los militantes peronistas somos, ni más ni menos, los hacedores de buena parte del pasado y de este presente que hoy estamos cambiando paulatinamente desde la asunción de Néstor a la presidencia y la continuidad de Cristina, para volver a imponer la verdadera justicia social, con la cultura del trabajo, con la firmeza de la palabra empeñada, con el respeto por la Patria, con el amor a nuestra bandera, con la sana intención de crecer "todos", espiritual y materialmente y así, poder vislumbrar un futuro más cierto para nuestros hijos y nietos. Los verdaderos militantes no podemos cruzarnos de brazos y ver pasar la vida, la vida somos nosotros, el conjunto que hace a este Movimiento Peronista, políticamente hablando, el más importante de Latinoamérica, que posee ideales, convicciones y certezas, porque todo fue probado y todo ha fracasado, sólo queda el Peronismo como tabla de salvación para asegurarnos el futuro a todos los argentinos".
Feliz Día del Militante para todos.