Lo vi venir. Es reluciente, blanco, con fileteados como los de antes. Algunos lo corren para no perderlo. Es lindo el colectivo. Arriba tiene el cartel que dice: “Estación Utopia”
La calle tiene dos manos. En la vereda de enfrente están los que esperan el colectivo que no pasa, el colectivo quieto, que no va a ninguna parte. Los que esperan ese “no colectivo se llaman a si mismos “no políticos” pero esconden que son conservadores. En verdad no quieren que venga ningún colectivo que lleve a algún lugar, a algún futuro. Si pudieran y tuvieran con que, chocarían al nuestro.
Este luce muy bien, aunque a veces se le queme alguna lamparita o tenga el carburador un poco gastado. Pero hay con que y con quien lo podemos arreglar para seguir marchando.
Es notable este colectivo, cada vez entra más y más pueblo. Los pibes, los viejos, las viejas, y sobre todo los trabajadores.
Mirando bien, veo que al colectivo le faltan partes y también que no tiene ruedas.
Pasa que hace como doscientos años a algunos se les ocurrió moverlo con la fuerza bruta de las patas de quienes estamos arriba. Algunos cuentan que una vez se transpiraron tanto las patas que las tuvieron que enfriar en unas fuentes de Plaza.
Y le faltan partes porque está en construcción. Como dijo un tal Auyero, creo, que hay que hacer el colectivo y andar al mismo tiempo. O algo así.
Parece imposible, pero lo hacemos.
Los pibes son como nafta súper y, en la parte de atrás hay gente vestida rara. Con sombreros, con pantalón ajustado…
Unos, con mameluco, hablan de Perón, otros con ropa de inmigrante hablan de don Hipólito, mas atrás hay quienes hablan de revolución americana, de un congreso en Tucumán. Muchos de estos tienen nombre propio. Un Castelli, un French, un Berutti, un Moreno, un Belgrano y un tipo que habla como gallego y se llama Jose de…. No escucho bien, saben. También yo hace mucho subí a este colectivo.
El que empuja fuerte es un flaco con cara de Lupín que tengo al lado. Es muy vivo el flaco, Creo que se levantó a la colectivera. De vez en cuando chamuyan entre ellos bajito, para que no los escuchemos.
Porque, saben, tenemos colectivera. Claro, si dicen que el viejo de ella también era colectivero.
Huy!, veo a mis viejos y a los vecinos del barrio.
Aquellos vecinos que pintaron V y P arriba, que estuvieron en una huelga grande en el Matadero.
También veo algunos que se cansaron de esperar el no colectivo y entendieron que es mejor éste, que camina.
También vemos, todos los vemos, que algunos tratan disimuladamente de colarse, aunque el único precio a pagar es el sudar la camiseta.
A estos vivos los llamamos arribistas. Cualquier colectivo les viene bien, con tal de no pagar el precio, de viajar sin hacer fuerza
No importa, los vemos venir desde las ventanillas y los marcamos. No comemos vidrio.
Además, están los pibes, como un seguro. La mayoría son chicas y muchachos que se toman en serio esto de sudar.
En el colectivo, cada vez vamos mejor, con más pibes que se suben puede acelerar mas. Y con esta colectivera, que conoce los caminos.
Aunque a veces pregunta -¿vamos bien?,
En general coincide todo el pasaje, pero, claro, algunos piensan que mejor por la izquierda, otros mejor un poco mas por el centro.
Cosa rara, nadie le dice por la derecha..
Arriba la gente está contenta, digamos que decir feliz es demasiado.
De pronto me acuerdo, porque me acuerdo eh, de los momentos en que unos con gorras y con fierros en la mano robaron el volante de nuestro colectivo y dieron marcha atrás.
Arriba, el pasaje, o el paisanaje más bien, protestó y peleó hasta que tuvieron que dejar el volante. Pasó varias veces, pero ahora ya no. Nunca más.
Esto de la alegría es contagioso. De pronto aparecen banderas celestes y blancas y al agitarlas por las ventanillas vemos que nos saludan desde otros colectivos con otros colores de banderas, pero que van en nuestra misma dirección.
Nos entusiasmamos y comenzamos a cantar el himno, aunque sin banda. En la cancha también lo hacemos.
Al terminar una viejita, con un pañuelo blanco en la cabeza, canta, bajito: ar. gen ti na., ar. gen ti na. Se van sumando voces, de los más viejos, los medianos y los pibes: AR GEN TI NA, AR GEN TI NA, AR GEN TI NA, AR GEN TI NA. AR GEN TI NA AR GEN TI NA, y el colectivo se emociona todo y va rápido y todos sentimos que éste es el camino, que no veremos nunca pasar el no colectivo, que ya marchamos y que esto no para hasta la estación Utopia.